La Presidenta de los Diez Millones
- Carlos Arredondo
- 24 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Estaba viendo a Ciro Gómez Leyva. No fue tanto lo que dijo, sino lo que dejó entrever, lo que se filtró entre sus palabras. Y entonces ocurrió ese chasquido mental, ese clic que acomoda piezas sueltas. De pronto, todo encajó.
Treinta millones de votos por la 4T. Es un número monumental. Y sí, en democracia, esa participación es digna de reconocimiento. Pero la tragedia no está en el número, sino en lo que se hizo con él.
Porque con esos 30 millones, el presidente que llegó al poder no se convirtió en el mandatario de todos los mexicanos. No. Desde el primer día, abandonó al otro México. A esos otros 70 millones que no votaron por él. No intentó convencerlos, escucharlos o integrarlos. Los borró. Se convirtió en presidente de una sola mitad, de su pueblo “bueno”, de los que aplaudían sin condiciones.
Y esa mitad, también se fue desgastando. El desencanto llegó. La realidad tocó la puerta. De esos 30 millones iniciales, quedaron apenas 13. Pero en vez de escuchar el porqué del desencanto, prefirió el insulto: los llamó traidores, solovinos, desleales. Los acusó de abandonar la causa. A otros, simplemente los silenció.
El discurso de unidad nacional jamás llegó. En su lugar, vinieron las venganzas. Pactó con los rincones más oscuros de la política, tejió alianzas con quienes antes juraba combatir, y convirtió al Estado en herramienta de intimidación: investigaciones arbitrarias, detenciones con motivaciones políticas, campañas de odio disfrazadas de justicia.
Las instituciones comenzaron a caer una a una: el INE, fue mutilado. IFAI neutralizado, El poder judicial, debilitado. La justicia, secuestrada.
Y ahora, la sucesora. La candidata impuesta. Por mas del 50 % de votos, la llevaron al poder. pero después de unos meses, ahora con las votaciones del poder judicial, mas de 40 millones de esos votos desaparecieron, y el apoyo que buscaba de sus votantes para imponer una reforma judicial a modo, solo llegaron los últimos Diez millones de votos —entre presiones, coacción, acarreo y, por qué no decirlo, trampas—¿que paso con los mas de cuarenta millones que no asistieron a llenar las urnas?. Pero ahora grita a los 4 vientos que este país solo necesita de esos diez millones, pero debemos recordar que el país no solo 10 millones. Son apenas una parte. Y sin embargo, desde el día después de las votaciones, parece repetir el patrón: ignorar, excluir, despreciar a quienes no están de acuerdo. Y validar un país con solo ese numero reprobatorio de asistencia, De nuevo, se gobierna para una fracción, no para una nación.
Hoy, la nueva presidenta parece querer gobernar solo para esos diez millones. ¿Y los otros noventa? Invisibles. Inconformes. Ignorados.que reprochan con ausencia, con desaprobación. ¿Ya no son pueblo bueno?
¿Hasta cuándo México tendrá presidentes que no entiendan que el poder no se hereda, ni se impone, ni se presume? Que gobernar no es castigar al que no votó por ti. Que la democracia no es un cheque en blanco para destruir lo que no te aplaude, o para pretextar lo que sus “genios” quieren imponer.
Este país no necesita más presidentes de facción. Necesita estadistas. Y eso, lamentablemente, no se fabrica en campaña, ni con tendencias de aprobación o desaprobación.se hace con acciones para todos.



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