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El Matrimonio:

Manual de Instrucciones No Solicitadas

por: El Gato Insolente

¡Llegar corriendo a la muerte, porque te deja, quemando llanta al frenar entre rechinidos! Meses planeando todo, cuadrando fechas, listas, invitados… y el pinche detalle que olvidas: el maldito día sólo tiene veinticuatro horas. Las horas previas al gran evento no alcanzan para terminar lo programado. Hasta el perico y el perro tienen que poner de su parte para que el evento se logre.

Allá está la iglesia. Afuera ya se arremolina el gentío.Adentro, el altar espera.El novio —yo— llega antes que la novia, como dicta el manual de los mártires: con nudo en la garganta, frío en la espalda, y esa sensación de mal augurio que uno ignora por conveniencia… por amor… por pendejo.

No lloras por el evento, lloras por lo que dejas atrás: fiestas, amigos, amigas con derechos, la calentura adolescente. Todo para deberte a una: la elegida por tu corazón. Ahora hay que entregar quincena, vida, paciencia y solidaridad. Lo de siempre.

Atrás quedan los viejos tiempos, guardados en cajas de fotos, cartas, pósters de los amigos como Moncho, de "los Incansables", aquel que tocaba batería y miraba a la vida con resplandor antes del accidente. Ahora sólo queda el nudo… el de la corbata… o el de la garganta.

Pero no es la corbata, amigo. Es la angustia por el futuro incierto. Por los consejos de los sabios del barrio:"Que no la cagues más."Los ignoro. Todos los ignoramos. Porque es lo que uno hace en estas circunstancias.

Y ahí comienza el show litúrgico.El sacerdote —soltero, sin experiencia marital, pero experto en dar discursos matrimoniales— se arranca con el guión:

"Que el amor los llene de abundancia.""En lo próspero como en lo adverso.""Que la suma de dos sea mayor que uno.""Hasta que la muerte los separe."

Puras pendejadas adornadas de flores blancas y órgano desafinado. Palabras que resuenan como amenaza en el eco de un futuro incierto.

En el fondo, uno quisiera algo más sincero, más corto, más humano:"Que la pareja comparta su mesa, el vino y la sal. Amén."

Pero no.Después vendrán los abrazos incómodos, las felicitaciones huecas, los empujones de familiares, los colados, los conocidos… y hasta el "ex" que ella invitó "por cortesía".Toda la fauna social reunida bajo el arroz que golpea como metralla de buena fe.

Quisieras abrazarla.Quisieras olerla, sentir su calor.Pero primero hay que soportar el circo de saludos hipócritas, palmadas innecesarias y besos fríos de parientes lejanos.

El único abrazo verdadero queda para el final.Mientras tanto, sonríes. Porque así funciona la vida:Se finge felicidad… mientras el miedo, discretamente, te sopla al oído:"Amigo… quizá la estés cagando." con un toque de gala y tragedia, entre promesas eternas y maullidos contenidos.


El Gato Insolente ha dicho "sí", pero con la ceja arqueada y el sarcasmo listo para la luna de miel. 😼💍

 
 
 

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